¡Regla, reglamento!, venga pues, que acá le queda plata. Y no me deje así que esto se compone. Yo sé que la felicidad no pasa única y exclusivamente por las relaciones de pareja. También están el Barcelona, el Play Station, que por supuesto en colombiano es también masculino, aunque en ibérico sea sorprendentemente femenino, y también ese pequeño instante en que usted ondea su capa mientras deja alguna máxima que desnuda, por lo menos figurativamente, la oscura mente femenina.
Míreme Calvin: ¿si ve mi labio?, regresó con una actitud que aparentaba la revelación por venir de un secreto incomprensible. ¿Usted cree que me electrocuté? No, mi hermano, esa cicatriz es una de las pocas visibles que me quedan de años de este atrevimiento ingenuo. Imagínese una playa, en alta mar ¿si alcanza a ver esos pescadores?, preguntó con rabia. No sé de qué habla Reglita, ahora sí se embobó. Pida otra birra y eche el cuento completo, increpé. Hágase el pendejo, siguió alterado, mientras el ojo de vidrio empezó también a llorarle. Vea con cuidado: una pescadora con su gorrito de Gilligan, sentada en la proa de su yate, con su caña de pescar y el nylon templado. Yo era el que estaba enganchado a ese anzuelo. Tira y afloje, la pendeja indecisión. Las mujeres se la pasan pescando, tirando y aflojando, aunque tiran más de lo que aflojan, compadre. Solté una carcajada. Pero El Regla me miró como si me quisiera decir que no fuera bruto, que no me dejara llevar por la corriente de los pequeños detalles.
Si usted fuera vieja, me diría que el pescador era hombre y que no usaba caña de pescar, sino atarraya. Que le tiramos a todo para esperar que así sea un bagrecito caiga a la red. Que entendemos las relaciones como un juego de probabilidades, Reglita, que nos obsesiona la cantidad y no la calidad, el tamaño y no el tiempo que dure tieso. No se me ponga así y tómese otra que hoy sí no le entendí la pataleta.
Mire cabezón, yo no rezo no porque no crea en dios, dejé de rezar el día que dejé de rogar. El que dice la verdad siempre gana. Esa es la regla, no la excepción, y sonrió mientras dejaba el tampón sobre la mesa, cuidando que no se fuera a mojar con la cerveza. La gente recibe lo que da. Si alguien es capaz de pasar del odio a la traga en un día, yo desconfiaría. Las cosas como son: los mosquitos como usted siempre mueren en medio de aplausos. Tenga cuidado. Y, como dijo Napoleón, las batallas con las mujeres son las únicas que se ganan huyendo, se retiró mientras haciendo pistola se señalaba su labio y me advertía prudencia con la otra mano. Revisó su calendario y se percató de que pronto recibiría la llamada que recibía todos los meses.
No Regla, el éxito es hacerlas creer, siempre, que están en control de la situación, pensé sabiendo a ciegas que esta vez sí era yo el que estaba en lo cierto. Pero quedé como aburrido, como aquel que se aburre antes de empezar, como el que se queda oyendo el repicar de un celular el día 14.
viernes, 10 de diciembre de 2010
jueves, 9 de diciembre de 2010
El nacimiento de un héroe contemporáneo. Primera entrega de muchas.
En la publicación anterior: “Entrada la noche pasé por una fábrica de pantalones que tenía el escudo del Poderoso y unas letras azules que decían: "Mede Jeans". Sonreí. Facebook se confundió con Twitter, un blog con un diario. Una persona que aseguró compartir conmigo días de infancia y borracheras adolescentes, a quien yo por supuesto no identifiqué, me dijo indignado que de ahora en adelante me refiriera a él como "El Regla", porque las viejas a las que les caía le contestaban el celular estratégica y únicamente cada 28 días“…
… A El Regla lo volví a ver catorce días después, que coincidencia, triste y descuidado, caminando por la carrera veintinueve con la calle cincuenta y cinco en Bucaramanga. Su juicio ya empezaba a flaquear, parecía no distinguir entre la realidad y todas aquellas historias que merodeaban por su cabeza, derivadas quizá, y aquí recurro únicamente a mi buen juicio, de su última y desafortunada experiencia amorosa. Llevaba en su espalda una gigantesca toalla higiénica que simulaba una capa de superhéroe trasnochado y en la mano derecha empuñaba un gigantesco tampón sin aplicador que utilizaba para defenderse de quienes murmuraban algo a su paso.
Con el tiempo la gente se acostumbró a verlo, incluso en la época navideña había quienes le regalaban un tampón nuevo o una capa limpia, que él siempre aceptaba con gusto mientras lanzaba sólo para sus adentros, improperios dignos de no ser publicados, ni siquiera acá. Algunos otros lo rechazaban. Veían con desprecio su desfachatez e interpretaban como un acto impúdico, e incluso agresivo frente al género femenino, sus prendas higiénicas, que calificaban como precisamente lo contrario, a pesar de ser de un blanco impoluto, que no empeloto, porque El Regla nunca, y de eso si puedo dar fe, nunca dejó ver sus partes nobles, que lo eran más que las de muchos que andan por ahí pregonando su fidelidad y alardeando del buen uso que le dan a ellas.
Ese día, catorce después de nuestro reciente encuentro, que coincidencia, al verlo un poco cabizbajo y muy pensativo, le grité: ¡Reglita, Reglita! ¿Una pola?. Levantó la mirada como recordando esas jornadas fantásticas en las que se imaginaba tomando trago cuando yo aún tenía pelo. No medió palabra pero alcancé a notar que empuñó el OB con una fuerza inusitada y pensé que me iba a moler a golpes. –Calvo querido, susurró simulando uno de esos fastidiosos acentos de cachaco corbatineao. Con usté pa dónde diga. Pero yo invito, subió el tono de su voz mientras me giñaba el ojo que no le lloraba.
-¡Más de veinte años calvo cochino!, hasta que por fin nos volvemos a sentar en esta mesa. Magará ya no era lo mismo de antes, pero seguía sirviendo como excusa para que un par de desconocidos, que nunca se re-conocieron así, iniciaran la conversación que sellaría, hasta el final de sus días, una relación mucho más sincera y constructiva que muchas de las que hasta ese entonces los dos decían conocer.
- ¿Qué es su pendejada Reglita? Lo veo achicopalado. ¿No me venga que es por esa vieja otra vez? No sea pendejo, Gómez. Esa no merece ni llamarse vieja. O por lo menos debe merecer un par de apellidos simpaticones. Y sonrió por primera vez en lo que llevaba de re-conocerlo. –No, hermano, tampoco me hable tan mal de las señoritas. Tendrán sus defectos, pero casi todos son corregibles sin cirugías, le dije como intentando asumir una posición que le provocara. – ¿Sin cirugía? Ya quisiera yo tener un bisturí de esos que no sólo quitan arrugas sino que alisan el alma y resuelven las dudas. –La vieja que lo tenga claro es man. El alma es un concepto masculino, la duda, no en vano, femenino. Y la inseguridad también, respondió como defendiéndose de algo que yo no había hecho. –Pero dolor, rencor y odio son masculinos Reglita, no se le olvide, pronuncié mientras me servían una Club Colombia bien fría en un vaso no muy limpio, y mientras intentaba disimular la cara de sorpresa por la estupidez que acababa de decir. – ¡Qué va!, manipulación y comodidad estarán por siempre acompañadas por el artículo la. Y no me haga hablar más, no me haga hablar más. ¿Sabe qué me pasa?, se detuvo un instante para sacar una mosca que había caído en su cerveza. Que entendí, desde hace mucho, que la felicidad, a pesar de ser un sustantivo femenino, tiene que ver menos con ellas que lo que sus irracionalidades le hacen ver cada día, y de irracionalidades ni se le ocurra hablarme hoy. No me joda. Se levantó, dejó un billete de cincuenta mil pesos en la mesa, ondeó su capa blanca con cristales verdes de aloe vera y se despidió como reconociendo, que en el fondo, el que tenía razón era yo.
NOTA: A partir de hoy pueden los interesados enviar al siguiente correo: sagomez@latinmail.com , la imagen que crean debe tener El Regla, el Alter Ego de Aleida, que por ser un concepto más filosófico y narrativo, por ser creación mia y no de Vladdo, nació con sesos pero sin figura. Cuando recibamos las 20 primeras propuestas seleccionaré y publicaré la ganadora, dando créditos permanentes y absolutos a mis colaboradores ad honorem.
… A El Regla lo volví a ver catorce días después, que coincidencia, triste y descuidado, caminando por la carrera veintinueve con la calle cincuenta y cinco en Bucaramanga. Su juicio ya empezaba a flaquear, parecía no distinguir entre la realidad y todas aquellas historias que merodeaban por su cabeza, derivadas quizá, y aquí recurro únicamente a mi buen juicio, de su última y desafortunada experiencia amorosa. Llevaba en su espalda una gigantesca toalla higiénica que simulaba una capa de superhéroe trasnochado y en la mano derecha empuñaba un gigantesco tampón sin aplicador que utilizaba para defenderse de quienes murmuraban algo a su paso.
Con el tiempo la gente se acostumbró a verlo, incluso en la época navideña había quienes le regalaban un tampón nuevo o una capa limpia, que él siempre aceptaba con gusto mientras lanzaba sólo para sus adentros, improperios dignos de no ser publicados, ni siquiera acá. Algunos otros lo rechazaban. Veían con desprecio su desfachatez e interpretaban como un acto impúdico, e incluso agresivo frente al género femenino, sus prendas higiénicas, que calificaban como precisamente lo contrario, a pesar de ser de un blanco impoluto, que no empeloto, porque El Regla nunca, y de eso si puedo dar fe, nunca dejó ver sus partes nobles, que lo eran más que las de muchos que andan por ahí pregonando su fidelidad y alardeando del buen uso que le dan a ellas.
Ese día, catorce después de nuestro reciente encuentro, que coincidencia, al verlo un poco cabizbajo y muy pensativo, le grité: ¡Reglita, Reglita! ¿Una pola?. Levantó la mirada como recordando esas jornadas fantásticas en las que se imaginaba tomando trago cuando yo aún tenía pelo. No medió palabra pero alcancé a notar que empuñó el OB con una fuerza inusitada y pensé que me iba a moler a golpes. –Calvo querido, susurró simulando uno de esos fastidiosos acentos de cachaco corbatineao. Con usté pa dónde diga. Pero yo invito, subió el tono de su voz mientras me giñaba el ojo que no le lloraba.
-¡Más de veinte años calvo cochino!, hasta que por fin nos volvemos a sentar en esta mesa. Magará ya no era lo mismo de antes, pero seguía sirviendo como excusa para que un par de desconocidos, que nunca se re-conocieron así, iniciaran la conversación que sellaría, hasta el final de sus días, una relación mucho más sincera y constructiva que muchas de las que hasta ese entonces los dos decían conocer.
- ¿Qué es su pendejada Reglita? Lo veo achicopalado. ¿No me venga que es por esa vieja otra vez? No sea pendejo, Gómez. Esa no merece ni llamarse vieja. O por lo menos debe merecer un par de apellidos simpaticones. Y sonrió por primera vez en lo que llevaba de re-conocerlo. –No, hermano, tampoco me hable tan mal de las señoritas. Tendrán sus defectos, pero casi todos son corregibles sin cirugías, le dije como intentando asumir una posición que le provocara. – ¿Sin cirugía? Ya quisiera yo tener un bisturí de esos que no sólo quitan arrugas sino que alisan el alma y resuelven las dudas. –La vieja que lo tenga claro es man. El alma es un concepto masculino, la duda, no en vano, femenino. Y la inseguridad también, respondió como defendiéndose de algo que yo no había hecho. –Pero dolor, rencor y odio son masculinos Reglita, no se le olvide, pronuncié mientras me servían una Club Colombia bien fría en un vaso no muy limpio, y mientras intentaba disimular la cara de sorpresa por la estupidez que acababa de decir. – ¡Qué va!, manipulación y comodidad estarán por siempre acompañadas por el artículo la. Y no me haga hablar más, no me haga hablar más. ¿Sabe qué me pasa?, se detuvo un instante para sacar una mosca que había caído en su cerveza. Que entendí, desde hace mucho, que la felicidad, a pesar de ser un sustantivo femenino, tiene que ver menos con ellas que lo que sus irracionalidades le hacen ver cada día, y de irracionalidades ni se le ocurra hablarme hoy. No me joda. Se levantó, dejó un billete de cincuenta mil pesos en la mesa, ondeó su capa blanca con cristales verdes de aloe vera y se despidió como reconociendo, que en el fondo, el que tenía razón era yo.
NOTA: A partir de hoy pueden los interesados enviar al siguiente correo: sagomez@latinmail.com , la imagen que crean debe tener El Regla, el Alter Ego de Aleida, que por ser un concepto más filosófico y narrativo, por ser creación mia y no de Vladdo, nació con sesos pero sin figura. Cuando recibamos las 20 primeras propuestas seleccionaré y publicaré la ganadora, dando créditos permanentes y absolutos a mis colaboradores ad honorem.
martes, 7 de diciembre de 2010
En sueño
Hace un par de semanas me acosté con un dolor de esos que me suelen dar cuando parece que no tengo nada más que hacer. En Protagonistas le calentaban el oído y las pelotas a Harrison, que cada vez componía peores melodías urbanas, como consecuencia de problemas serios en alguna de sus cabezas, luego de tantos meses de encierro. Caían gotas de lluvia incluso sobre la veladora que había prendido para pedirle a dios que los curas y los madridistas reconocieran de una vez sus pecados y dejaran de pregonar algo que todos sabíamos que no eran. Uribe twitteaba mientras escupía para arriba, Santos empezaba a escribir su carta de navidad deseando que los Verdes no siguieran empeñándose en desaparecer del panorama político colombiano. Leider Preciado se rascaba la barriga para celebrar los goles que, ahora sí, y después de haber pasado sin pena ni gloria por el Bucaramanga, hacía. Samper Ospina escribía semana tras Semana la misma columna y yo siempre me reía de sus chistes, reiterativos pero ingeniosos.
Entrada la noche pasé por una fábrica de pantalones que tenía el escudo del Poderoso y unas letras azules que decían: "Mede Jeans". Sonreí. Facebook se confundió con Twitter, un blog con un diario. Una persona que aseguró compartir conmigo días de infancia y borracheras adolescentes, a quien yo por supuesto no identifiqué, me dijo indignado que de ahora en adelante me refiriera a él como "El regla", porque las viejas a las que les caía le contestaban el celular estratégica y únicamente cada 28 días. De regreso, imaginé una valla gigante en Cajamarca que decía: "Gracias Andrés Uriel: 15 horas entre Armenia e Ibagué. Se nos borró La Línea".
Julian Assange no solo violaba cubanas vinculadas a la CIA y no solo develaba los secretos de Hillary, que parecían dolerle más que los de la Lewinsky. Los indígenas globalizados de la Feria Artesanal vendían mochilas que celebraban el bicentenario. La Pola me decía en secreto: "Cada quien hace de su culo un florero, y mire lo que le pasó a Llorente", mientras a mí se me escurrían los mockus. Tembló más en el Palacio Liévano que en Haití y Chile, y los Polos se inclinaron unos grados a la derecha. El minero polígamo organizó un foro que llamó "Será cuestión de acostumbrarse" en el que enseñaba a los asistentes a cultivar la virtud de no contestar a respuestas que no quisieran responder. ETA me invitó al anuncio de tregua, la otra no. El avión que me traía de Álava no pudo despegar por un descontrol generado por los controladores. Escribí un libro con Tomás Eloy y Saramago, me pegué un par de guaros con Villamil y leí tardíamente a Jairo Aníbal pero no me gustó.
De madrugada, con el dolor cada vez más fuerte, decidí levantarme a terminar de escribir un artículo que después no entendí. Abandoné mi estilo, pensé. Y desde entonces estoy sentado al borde de la cama esperando que, como en "El origen" venga, por lo menos "El regla" y me pegue un tiro en una pierna para ver si me despierto, activo el modo "Ausente" y salgo a trabajar.
Entrada la noche pasé por una fábrica de pantalones que tenía el escudo del Poderoso y unas letras azules que decían: "Mede Jeans". Sonreí. Facebook se confundió con Twitter, un blog con un diario. Una persona que aseguró compartir conmigo días de infancia y borracheras adolescentes, a quien yo por supuesto no identifiqué, me dijo indignado que de ahora en adelante me refiriera a él como "El regla", porque las viejas a las que les caía le contestaban el celular estratégica y únicamente cada 28 días. De regreso, imaginé una valla gigante en Cajamarca que decía: "Gracias Andrés Uriel: 15 horas entre Armenia e Ibagué. Se nos borró La Línea".
Julian Assange no solo violaba cubanas vinculadas a la CIA y no solo develaba los secretos de Hillary, que parecían dolerle más que los de la Lewinsky. Los indígenas globalizados de la Feria Artesanal vendían mochilas que celebraban el bicentenario. La Pola me decía en secreto: "Cada quien hace de su culo un florero, y mire lo que le pasó a Llorente", mientras a mí se me escurrían los mockus. Tembló más en el Palacio Liévano que en Haití y Chile, y los Polos se inclinaron unos grados a la derecha. El minero polígamo organizó un foro que llamó "Será cuestión de acostumbrarse" en el que enseñaba a los asistentes a cultivar la virtud de no contestar a respuestas que no quisieran responder. ETA me invitó al anuncio de tregua, la otra no. El avión que me traía de Álava no pudo despegar por un descontrol generado por los controladores. Escribí un libro con Tomás Eloy y Saramago, me pegué un par de guaros con Villamil y leí tardíamente a Jairo Aníbal pero no me gustó.
De madrugada, con el dolor cada vez más fuerte, decidí levantarme a terminar de escribir un artículo que después no entendí. Abandoné mi estilo, pensé. Y desde entonces estoy sentado al borde de la cama esperando que, como en "El origen" venga, por lo menos "El regla" y me pegue un tiro en una pierna para ver si me despierto, activo el modo "Ausente" y salgo a trabajar.
sábado, 30 de octubre de 2010
Cinco disfraces
Me gustan las festividades no religiosas, como el Halloween, que originalmente celebraba el fin de la cosecha veraniega en la cultura celta. Sinembargo, desconfío un poco de aquellos que desde ayer, que era apenas 28, fueron disfrazados a la oficina, al bar, a hacer sus compras, a misa. Bueno, ¡así fueran sin disfraz a misa!
No sé por qué nos hace tanta ilusión la llegada del 31 de octubre. Quizás sea porque todos los días del año vemos brujas, muertos y máscaras y en fines de semana como este podemos, por un ratico, sentirnos así más colombianos.
Pero para unirme a la euforia comercial de este fin de semana, les dejo estas cinco imagenes imperdibles para la noche de los muertos:
1. Andrés Felipe, con poncho, carriel y sombrero, montado sobre un caballito de palo, gritando en la puerta de la casa de Nariño: "Triqui, triqui, Jaloguín, quiero dulces para mí, y si no me das, ¡te rompo la cara, marica!"
2. Tanja, la holandesa de las Farc, con la cara pintada de negro y un turbante hecho con una toalla roja y raída, diciendole al primo de Jojoy en un español de dudosa reputación: "Te odoro, amor mio"
2. Tanja, la holandesa de las Farc, con la cara pintada de negro y un turbante hecho con una toalla roja y raída, diciendole al primo de Jojoy en un español de dudosa reputación: "Te odoro, amor mio"3. Samuel Moreno, con una peluca del Pibe Valderrama, la manga de la camisa en el codo para que se le noten todas esas pulseritas hippies y un billete de 10.000 pesos en la mano gritándole a Petro: "Pasa ligera, la maldita primavera, pasa ligera, me hace daño sólo a mí".
4. Ingridcita, con un casco amarillo con linternita y una pica, un dummie de car
tón de Juan Carlos Lecomte a su derecha y otro de Marc Gonsalves a la izquierda, disfrazada de minero chileno bígamo, a ver si así logra llamar la atención de la opinión pública nuevamente.
tón de Juan Carlos Lecomte a su derecha y otro de Marc Gonsalves a la izquierda, disfrazada de minero chileno bígamo, a ver si así logra llamar la atención de la opinión pública nuevamente.5. Petro con chivera, camiseta verde y un girasol en la mano gritando: "Yo vine porque quise, a mi no me pagaron"
No sé por qué nos hace tanta ilusión la llegada del 31 de octubre. Quizás sea porque todos los días del año vemos brujas, muertos y máscaras y en fines de semana como este podemos, por un ratico, sentirnos así más colombianos.
sábado, 23 de octubre de 2010
Sí al intercambio
Cambio al mejor jugador del Bucaramanga por el peor del Barcelona B.Permuto a Piedad Córdoba por un chimpancé que está necesit
ando el zoológico de Pereira, ¿les interesa Íngrid por una coral venenosa?Entrego a los miembros de la Academia que eligieron a Titanic y El Señor de los Anillos como mejores películas, a cambio de todos aquellos que impidieron que Avatar lo fuera.
Destruyo libros de autoayuda a cambio de una colección completa de la obra de Vargas Llosa para cada biblioteca pública de Bogotá.
Cambio DVD de Chepe Fortuna por el de la serie de Escalona.
Intercambio Alcalde de Bogotá por alguien que sí sepa defenderse, como por ejemplo Jackie Chan.
Entrego siete funcionarios públicos por vendedor ambulante. Quiero au
mentar la productividad en la administración distrital.Cambio 1.000 votos en Protagonistas de Nuestra Tele por uno, a conciencia, en las elecciones de 2011.
"Un metro, un metro, mi alcaldía por un metro (no por un Petro)". Samuel Lear.
domingo, 17 de octubre de 2010
Genio y figura

Íker Casillas
Genio y figura
El Madrid lo descubrió cuando apenas tenía 10 años. La Selección española lo catapultó a la fama mundial, y aquellos que no disfrutan del fútbol, lo recordarán por un beso que algunos comparan con el de Humphrey Bogart e Ingrid Bergman.
Ni las siete botellas de Roquers de Porrera, ni las tres horas de sueño impidieron que esa fría noche de invierno del 2002 fuera a ver a jugar en el Bernabeu a Íker Casillas.
El partido no era decisivo, las tribunas no estaban llenas, y yo, un admirador de la elegancia del fútbol catalán, no pude resistirme a traicionar por 90 minutos al Barcelona, para disfrutar de quien a dos años y medio de su debut, sorprendía con atajadas de esas que los abuelos decían sólo haberle visto a Lev Yashin, el portero borrachín de la Unión Soviética, a quien apodaban La Araña Negra, elegido por la Fifa como el mejor del siglo XX.
Su historia de blanco
Íker Casillas nació en Móstoles en 1981, formó parte de la cantera merengue desde los 10 años y para aquella noche en que yo me debatía entre el frío y el dolor de cabeza, ya había ganado el Trofeo Bravo a la promesa del torneo nacional, una Liga española, una Supercopa de España y una Champions.
Sus números con el Real Madrid son sorprendentes. En total ha ganado cuatro Ligas, tres Supercopas en su país, dos Ligas de Campeones, dos Intercontinentales, una Supercopa Europea, el Trofeo Zamora, que reconoce al arquero menos vencido en España, el premio al Guardameta Menos Goleado en Europa, el galardón al Mejor Portero del Mundo en el 2008, y hasta el reconocimiento de Hijo Predilecto de Móstoles.
Hasta el 11 de agosto del 2010, Íker jugó 518 partidos para su club y ostenta hoy un récord de imbatibilidad con el onceno madrileño de 573 minutos, algo más de seis compromisos sin encajar un gol.
Íker siempre ha sobresalido. No es un portero del montón. Incluso, en una ocasión, el diario As, que califica a los jugadores con un puntaje de hasta tres estrellas, le otorgó, después de un partido con la Real Sociedad, cuatro. Pasa horas jugando Playstation y confiesa aún sorprenderse por ver su clon atajando penales en la pantalla. Postulado seis veces al Balón de Oro de France Football, Casillas tiene mucho para mostrar a sus seguidores.
Vistiendo la roja
La leyenda del “Santo de Móstoles”, como lo llamó Pepe Reina en la celebración posmundialista hace unos meses, no se limita a los logros alcanzados con su club. Vistiendo la casaca de la Selección también sorprende.
Casillas es el segundo español con más partidos jugados en el equipo, campeón de los europeos Sub 15 y Sub 16, del Mundial Sub 20, de la Eurocopa, y capitán de la Selección recientemente coronada en Suráfrica, donde obtuvo el Guante de Oro, que desde 1998 reconoce al mejor arquero de las justas mundialistas.
Un ejemplo, un ídolo
Casillas se ha destacado como uno de los jugadores de fútbol más activos en lo social. Ha participado en campañas para prevenir la drogadicción, erradicar la malaria, promueve regularmente campamentos de formación deportiva en barrios marginales, viaja a regiones deprimidas de países suramericanos y hasta colaboró en una campaña contra la mutilación sexual femenina en África.
Las mujeres lo catalogan como uno de los futbolistas más sexys del mundo, tema que a mí por supuesto no me incumbe, hizo brotar lágrimas y desató envidias a las más de quinientas mil personas que, en tan sólo 12 horas, vieron en la Red el beso que le dio a su novia, la periodista Sara Carbonero, luego de ganar la Copa Mundial en julio.
Íker es el yerno que toda suegra quisiera tener, el novio que muchas desean, el amigo que todos soñamos y el portero que todas las selecciones del mundo anhelan.
Esa fría noche de invierno del 2002, el partido terminó 3-1 a favor de los locales, lo cual para mí resultó ser sólo una anécdota, porque desde ese día se selló la admiración, hasta hoy secreta, que siento por el mejor del mundo, a pesar de que juegue en el club equivocado.
Por Santiago Gómez Mejía
Columnista invitado
Artículo publicado en la Revista Capital Club, edición 79, octubre 2010.
lunes, 11 de octubre de 2010
Bendita sea la inmensa minoría
Justo ahora que imagino la primera pregunta que debí hacerle al sentarme en el sillón rojo de su sala en el centro de Madrid, entiendo la frase con la que se despidió ese día: "Y de Colombia, ¿qué te puedo decir? Los mejores polvos de mi vida fueron con colombianas".
"Lo primero que quise fue marcharme bien lejos", pero no había viajado hasta allí para hacer algo diferente a empezar la entrevista con la siguiente pregunta: ¿Cómo convencer a un hijo de que Dios no existe?
Tomó un sorbo de whiskey y sonrió. Soy hijo de policía, me dijo mientras miraba fijamente el cigarrillo de plástico que por capricho médico debía meter en su boca cada vez que sintiera ganas de inundar sus pulmones, ya jodidos con nicotina y alquitrán. Cuando estaba a punto de morir, nos turnábamos con mi hermano mayor el pasar las noches junto a su cama en el hospital de Úbeda, esperando lo siempre inesperado. Esa semana estaba inconsciente, pero la última noche, mientras yo repasaba las "Claves líricas" de Valle-Inclán, ya muy entrada la madrugada, se incorporó de un golpe mientras sudaba. Me miró como queriendo revelar el secreto de la inconsciencia pre fallecimiento, como esperando con ansias descubrir ante mis ojos el misterio de la divinidad. Pasó saliva y dijo: "¿De dónde sacan tanto dinero las diputaciones?". Sus ojos, ya perdidos, se cerraron nuevamente y a los cinco minutos murió. Después de esa experiencia ¿cómo coño quieres que crea en Dios? me dijo con una carcajada, sin soltar la mariconada de cigarro que sostenía en sus labios.
Joaquín, usted siempre me impresionó por recuperar con genialidad la "estética de lo pequeñito". "Tú lo has dicho chaval, ahí está la escencia de lo vivido. Y no creas, la genialidad es tan sólo un quejido en su sitio".
Una entrevista que no podía culminar de una manera diferente a como siempre la imaginé: "Ahí te van mis dos puntos suspensivos colega. Y pon en tu crónica que ahora sólo uso la nariz para respirar, aunque por los excesos siga sintiendo sólo una profunda nostalgia".
"Gracias Joaquín, gracias por escribir, gracias por cantar, gracias por seguir ríendo y hacernos reir cuando no tenemos tantas ganas de hacerlo. Con usté hasta me voy pa los toros", le grité.
"Lo primero que quise fue marcharme bien lejos", pero no había viajado hasta allí para hacer algo diferente a empezar la entrevista con la siguiente pregunta: ¿Cómo convencer a un hijo de que Dios no existe?
Tomó un sorbo de whiskey y sonrió. Soy hijo de policía, me dijo mientras miraba fijamente el cigarrillo de plástico que por capricho médico debía meter en su boca cada vez que sintiera ganas de inundar sus pulmones, ya jodidos con nicotina y alquitrán. Cuando estaba a punto de morir, nos turnábamos con mi hermano mayor el pasar las noches junto a su cama en el hospital de Úbeda, esperando lo siempre inesperado. Esa semana estaba inconsciente, pero la última noche, mientras yo repasaba las "Claves líricas" de Valle-Inclán, ya muy entrada la madrugada, se incorporó de un golpe mientras sudaba. Me miró como queriendo revelar el secreto de la inconsciencia pre fallecimiento, como esperando con ansias descubrir ante mis ojos el misterio de la divinidad. Pasó saliva y dijo: "¿De dónde sacan tanto dinero las diputaciones?". Sus ojos, ya perdidos, se cerraron nuevamente y a los cinco minutos murió. Después de esa experiencia ¿cómo coño quieres que crea en Dios? me dijo con una carcajada, sin soltar la mariconada de cigarro que sostenía en sus labios.
Alguien que en una misma frase dice "coño" y "Dios" me pondrá en problemas en la revista, pensé. Es un genio, sonreí para mis adentros.
Luego me contó que todas las canciones las había escrito para conquistar a una mujer o para vengarse de una que otra hija de puta que lo había dejado por marcharse con un basketbolista o un proyecto de abogado, por supuesto más alto que él. "Ahora esta canción te perseguirá por toda la vida", les decía. Y esta vez no sonrió, no sorbió whiskey. Sólo tosió y me dijo "Yo casi todas las desilusiones me las he llevado conmigo mismo, chaval. En el amor se llega a la cima demasiado pronto".
"Tos jodida", se quejaba de vez en cuando. A pesar de haber sufrido una isquemia cerebral leve (el adjetivo nunca supe si correspondía a un diagnóstico médico o a otro de sus trucos dialécticos) temía morir de efisema pulmonar. Soy incapaz de ser creativo sin tener un cigarrito real en mi boca, se reprochó sinceramente mientras empezaba a explicarme la influencia que Bob Dylan había tenido en él y la vez que se cruzaron en una peluquería en Estados Unidos. De repente se interrumpió: "Como dije en Ratones Colorados, los fumadores pasivos son unos cabrones. ¡Fuman sin pagar! Deberíamos imponerles un impuesto".
Los "dos peces de hielo en su whiskey on the rocks " se habían derretido hacía bastante cuando le planteé el tema del Atleti. "A mí el fútbol me parece una cosa impropia de caballeros" se detuvo mientras observaba con duda mi cara sorprendida. ¿Y por qué compones el himno centenario del segundo equipo de la capital entonces?, reclamé.
"Para entender lo que pasa
hay que haber llorado dentro
del Calderón, que es mi casa.
o del Metropolitano,
donde lloraba mi abuelo
con mi papá de la mano"
Luego me contó que todas las canciones las había escrito para conquistar a una mujer o para vengarse de una que otra hija de puta que lo había dejado por marcharse con un basketbolista o un proyecto de abogado, por supuesto más alto que él. "Ahora esta canción te perseguirá por toda la vida", les decía. Y esta vez no sonrió, no sorbió whiskey. Sólo tosió y me dijo "Yo casi todas las desilusiones me las he llevado conmigo mismo, chaval. En el amor se llega a la cima demasiado pronto".
"Tos jodida", se quejaba de vez en cuando. A pesar de haber sufrido una isquemia cerebral leve (el adjetivo nunca supe si correspondía a un diagnóstico médico o a otro de sus trucos dialécticos) temía morir de efisema pulmonar. Soy incapaz de ser creativo sin tener un cigarrito real en mi boca, se reprochó sinceramente mientras empezaba a explicarme la influencia que Bob Dylan había tenido en él y la vez que se cruzaron en una peluquería en Estados Unidos. De repente se interrumpió: "Como dije en Ratones Colorados, los fumadores pasivos son unos cabrones. ¡Fuman sin pagar! Deberíamos imponerles un impuesto".
Los "dos peces de hielo en su whiskey on the rocks " se habían derretido hacía bastante cuando le planteé el tema del Atleti. "A mí el fútbol me parece una cosa impropia de caballeros" se detuvo mientras observaba con duda mi cara sorprendida. ¿Y por qué compones el himno centenario del segundo equipo de la capital entonces?, reclamé.
"Para entender lo que pasa
hay que haber llorado dentro
del Calderón, que es mi casa.
o del Metropolitano,
donde lloraba mi abuelo
con mi papá de la mano"
Cantamos juntos lo poco que me atreví a acompañarlo.
Mira tú, no voy al estadio, simplemente quería reivindicar el sufrimiento, la melancolía que en sí misma lleva el ser del Aleti de Madrí. En Argentina me hice del Boca, por la barriada. En Colombia sería de tu Bucaramanga, o como se llame. Me caiste bien. Lo melancólico y lo irónico del fútbol se resumen en el Aleti coño! Yo no podría andar cantando con Plácido a la solemnidad clásica del "Hala Madrid", así mi mejor amigo del mundo futbolero sea un merengue, Guti. Mira tú lo insensato que puede llegar a ser una. Y nuevamente su risa ronca me hizo recordar que estaba al lado de uno de los genios de la poética moderna. ¿O postmoderna?. No sé.
Joaquín, usted siempre me impresionó por recuperar con genialidad la "estética de lo pequeñito". "Tú lo has dicho chaval, ahí está la escencia de lo vivido. Y no creas, la genialidad es tan sólo un quejido en su sitio".¿Por qué cree usted que "la música es la tapadera de la mala poesía"?, continué. A ver, sonrió nuevamente.. y ahí terminó todo.
Una entrevista que no podía culminar de una manera diferente a como siempre la imaginé: "Ahí te van mis dos puntos suspensivos colega. Y pon en tu crónica que ahora sólo uso la nariz para respirar, aunque por los excesos siga sintiendo sólo una profunda nostalgia".
"Gracias Joaquín, gracias por escribir, gracias por cantar, gracias por seguir ríendo y hacernos reir cuando no tenemos tantas ganas de hacerlo. Con usté hasta me voy pa los toros", le grité.
lunes, 4 de octubre de 2010
Averígüelo Vargas

¿Cómo se sentirían los argentinos si noventa colombianos homenajearan en plena Plaza de Bolívar de Bogotá al general Videla, o al almirante Masseda, entonando canciones que exaltan su accionar y proyectando un video documental sobre sus grandes gestas?
¿Por qué Spiderman es el hombre araña para quienes crecieron en mi generación, y Batman no es el hombre murciélago?
¿Por qué los secuestros en Colombia no son como en Quito? Atención médica de primera calidad para el secuestrado y operativos de rescate con balas de goma.
¿Por qué Correa prefirió ser atendido en el hospital de sus agresores y no en el Hospital Metropolitano, ubicado a tan sólo cien metros de allí?
¿Cuánto tiempo pasará antes de que Piedad, con los ojos llorosos, dé una declaración en la que anuncia que no quiere vivir en Colombia porque aquí estamos llenos de odio hacia ella?
¿Por qué los moralistas que culpan al Capo y a RCN por la violencia de este país, no han salido a defendernos de una niña mentirosa y desobediente, que le paga palazos en la espalda al padre de quien espera sea su esposo, y a quien llaman La Pola?
¿Por qué el Ejército Nacional insiste en hacer públicas sus estrategias de inteligencia, como la de haber enviado a Jojoy botas con GPS incluido? Si yo fuera un guerrillero perseguido aprendería la lección.
¿Por qué Italia no nos envía de embajador a Silvio Berlusconi en represalia por la designación de Arias?
¿Por qué, en un país signado por el incumplimiento de las normas, nuestro alcalde, el infradotado Moreno (y no estoy siendo racista), decide para evitar una huelga de taxistas perdonarles el pago de multas previas a 2006? El mensaje es claro: en Bogotá no hay que pagar las multas de tránsito. Tarde o temprano llegará un momento en que cobrarlas será más costoso que el pasivo generado, y entonces, el iluminado de turno condonará la deuda.
¿Cómo es posible que por la cabeza de Clara López (y pido excusas anticipadas a todas las cabezas del universo que puedan sentirse indignadas por la comparación con la de la jefa del Polo) se pase la idea de que el Procurador actúa de manera que atenta contra la institucionalidad cuando condena a quienes chuzaron, entre otras, a los candidatos de su partido. En un partido de ciegos como Samuel y Clara, Petro es, indiscutiblemente, el rey. Que los del Polo se embejuquen ahora porque el Procurador, por más godo y detestable que sea, condene por fin a aquellos que sus militantes han estado acusando desde hace dos años por el caso de las chuzadas de las cuales fueron víctimas, es un sinsentido mayúsculo. Y el favor que le hacen al debate político los de la izquierda colombiana, es nuevamente más que minúsculo, bastante culo.
miércoles, 4 de agosto de 2010
Arqueología meliflua
Un homenaje a la estupidez humana que parece convencerse, cada vez más, de que todo aquello realizado por las civilizaciones antiguas tuvo que ser resultado de la intervención extraterrestre. "Los egipicos no pudieron haber construido, ellos solitos, las pirámides. Los indígenas peruanos no pudieron realizar las líneas de Nazca como una mera expresión artística de sublimación para sus dioses. ¿Cómo pudieron hacerlo si nosotros somos superiores?"- se preguntan hoy los iluminados por la sabiduría científica. Pura basura arqueológica, creo yo. Puro egocentrismo de la civilización superior.
Año 3255. Bogotá, Colombia.
Después de quinientos años de altas temperaturas que hicieron imposible la subsistencia humana, y luego de una glaciación prolongada, los pocos sobrevivientes pasan la mayor parte del tiempo procreando para repoblar el planeta. Se organiza nuevamente el Mundial de fútbol, que por sustracción de materia se realizará cada diez años, mientras todos los países alcanzan niveles de población que permitan la consolidación de selecciones a lo largo de todo el orbe. Mauricio Gómez, descendiente directo de Hernán Darío "El Bolillo" Gómez, es elegido como nuevo técnico vitalicio de la selección Colombia, con tan sólo 17 años. El Atlético Bucaramanga queda subcampeón del recién reinstituido torneo colombiano, que ese año cuenta con la participación de tan sólo dos equipos. Millonarios no participó.
En medio de dicho florecimiento de las civilizaciones y de un optimismo generalizado, el recién creado Ministerio de Investigaciones, en cabeza de un descendiente lejano de Álvaro Uribe, el joven Don Andrés Felipe Uribe, decide asignar partidas presupuestales significativas para hacer algunas pesquisas arqueológicas que permitan a la nueva civilización entender la forma de vida de la Bogotá de principios del siglo XXI.
Finalmente, el 20 de julio de ese año, se envía a los mejores científicos de la época a dos lugares elegidos al azar, separados unos diez kilómetros. El grupo Alfa, empieza las excavaciones en el punto ubicado más al sur. Dos días después, su líder reporta el hallazgo de importantes asentamientos y restos humanos que lograron ser datados satisfactoriamente como originarios de la primera década del siglo XXI. La operación es todo un éxito y el recién instalado Congreso de la República le otorga a Don Andrés Felipe la condecoración que lleva el nombre de su tataratataratatarabuelo, don Álvaro.
Mientras se hacen pruebas de ADN con avanzadísima tecnología del siglo XXXIII a los huesos encontrados en la primera ubicación, el grupo Alfa encuentra lo que parece ser un centro de adoración y culto unos trescientos metros al oriente. Esculturas regordetas y pinturas de personajes obesos emergen de las ruinas bajo la mirada atónita de Don Andrés Felipe, que decidió liderar las operaciones en persona para evitar la acción de algunos grupos de saqueadores que aprovecharon las excavaciones para apropiarse de los restos arqueológicos.

Mientras tanto, el grupo Beta es enviado a la ubicación norte. Pasan algunas semanas antes de que los agotados expedicionarios reportan con satisfacción el hallazgo de otro extraño centro de culto donde reposan también algunas pinturas de seres con sobrepeso junto con herramientas y utensilios que pasan a ser examinados en los laboratorios del Ministerio de Investigaciones.

Año 3261. Bogotá, Colombia.
Seis años después de que los importantes hallazgos arqueológicos son conocidos por la opinión pública, el recientemente elegido presidente de la República, Don Andrés Felipe Uribe, que aún porta la ahora raída medalla al mérito que le fue otorgada a raíz de los descubrimientos, cita a todo su gabinete para presentar el informe oficial con el análisis riguroso que dará pistas sobre la vida en la Bogotá del siglo XXI.
El informe del Ministerio de Investigaciones, soportado en la realización de avanzadísimas pruebas científicas y resultado del uso de tecnologías jamás imaginadas por los habitantes de la Bogotá preglacial, afirma en sus conclusiones, soportadas por reconstrucciones holográficas, lo siguiente:
"La Bogotá de principios del siglo XXI era habitada por seres que rendían culto a la obesidad. Las evidencias arqueológicas halladas en la ubicación central demuestran que la civilización de entonces estaba conformada por seres adoradores del gigantismo, que se reunían con frecuencia, tal como demuestran los instrumentos encontrados en la ubicación norte, etiquetada con un extraño letrero que dice "Crepes & Waff", a realizar bacanales gastronómicos para cultivar su sobrepeso, que sin duda fue la causa de una desaparición prematura, aun antes del aumento global de temperaturas. Sorprendentemente, los análisis genéticos realizados al cráneo encontrado a unos cuantos metros de la ubicación central, permitieron reconstruir la apariencia del que parecía ser su líder, ya que fue encontrado en medio de las ruinas de lo que los científicos determinaron era un palacio. La misión afirma de manera vehemente y tajante que el coeficiente intelectual del misterioso personaje reporta unos déficits significativos si se comparan con los resultados obtenidos de otras muestras craneales obtenidas en puntos aislados de la altiplanicie...

...La misión lamenta reconocer que no pudo establecer el significado de lo que parece ser un extraño instrumento de medición encontrado junto a su fémur derecho. Lo único que se atreve a confirmar el grupo de científicos, es que según documentos manuscritos encontrados cerca de sus restos óseos se establece que dicho objeto, que consistía en una tira larga de metal con números escritos en ella y que tenía la capacidad de contraerse y alargarse a voluntad del usuario, se denominaba "el metro de Bogotá".
Año 3255. Bogotá, Colombia.
Después de quinientos años de altas temperaturas que hicieron imposible la subsistencia humana, y luego de una glaciación prolongada, los pocos sobrevivientes pasan la mayor parte del tiempo procreando para repoblar el planeta. Se organiza nuevamente el Mundial de fútbol, que por sustracción de materia se realizará cada diez años, mientras todos los países alcanzan niveles de población que permitan la consolidación de selecciones a lo largo de todo el orbe. Mauricio Gómez, descendiente directo de Hernán Darío "El Bolillo" Gómez, es elegido como nuevo técnico vitalicio de la selección Colombia, con tan sólo 17 años. El Atlético Bucaramanga queda subcampeón del recién reinstituido torneo colombiano, que ese año cuenta con la participación de tan sólo dos equipos. Millonarios no participó.
En medio de dicho florecimiento de las civilizaciones y de un optimismo generalizado, el recién creado Ministerio de Investigaciones, en cabeza de un descendiente lejano de Álvaro Uribe, el joven Don Andrés Felipe Uribe, decide asignar partidas presupuestales significativas para hacer algunas pesquisas arqueológicas que permitan a la nueva civilización entender la forma de vida de la Bogotá de principios del siglo XXI.
Finalmente, el 20 de julio de ese año, se envía a los mejores científicos de la época a dos lugares elegidos al azar, separados unos diez kilómetros. El grupo Alfa, empieza las excavaciones en el punto ubicado más al sur. Dos días después, su líder reporta el hallazgo de importantes asentamientos y restos humanos que lograron ser datados satisfactoriamente como originarios de la primera década del siglo XXI. La operación es todo un éxito y el recién instalado Congreso de la República le otorga a Don Andrés Felipe la condecoración que lleva el nombre de su tataratataratatarabuelo, don Álvaro.
Mientras se hacen pruebas de ADN con avanzadísima tecnología del siglo XXXIII a los huesos encontrados en la primera ubicación, el grupo Alfa encuentra lo que parece ser un centro de adoración y culto unos trescientos metros al oriente. Esculturas regordetas y pinturas de personajes obesos emergen de las ruinas bajo la mirada atónita de Don Andrés Felipe, que decidió liderar las operaciones en persona para evitar la acción de algunos grupos de saqueadores que aprovecharon las excavaciones para apropiarse de los restos arqueológicos.

Mientras tanto, el grupo Beta es enviado a la ubicación norte. Pasan algunas semanas antes de que los agotados expedicionarios reportan con satisfacción el hallazgo de otro extraño centro de culto donde reposan también algunas pinturas de seres con sobrepeso junto con herramientas y utensilios que pasan a ser examinados en los laboratorios del Ministerio de Investigaciones.

Año 3261. Bogotá, Colombia.
Seis años después de que los importantes hallazgos arqueológicos son conocidos por la opinión pública, el recientemente elegido presidente de la República, Don Andrés Felipe Uribe, que aún porta la ahora raída medalla al mérito que le fue otorgada a raíz de los descubrimientos, cita a todo su gabinete para presentar el informe oficial con el análisis riguroso que dará pistas sobre la vida en la Bogotá del siglo XXI.
El informe del Ministerio de Investigaciones, soportado en la realización de avanzadísimas pruebas científicas y resultado del uso de tecnologías jamás imaginadas por los habitantes de la Bogotá preglacial, afirma en sus conclusiones, soportadas por reconstrucciones holográficas, lo siguiente:
"La Bogotá de principios del siglo XXI era habitada por seres que rendían culto a la obesidad. Las evidencias arqueológicas halladas en la ubicación central demuestran que la civilización de entonces estaba conformada por seres adoradores del gigantismo, que se reunían con frecuencia, tal como demuestran los instrumentos encontrados en la ubicación norte, etiquetada con un extraño letrero que dice "Crepes & Waff", a realizar bacanales gastronómicos para cultivar su sobrepeso, que sin duda fue la causa de una desaparición prematura, aun antes del aumento global de temperaturas. Sorprendentemente, los análisis genéticos realizados al cráneo encontrado a unos cuantos metros de la ubicación central, permitieron reconstruir la apariencia del que parecía ser su líder, ya que fue encontrado en medio de las ruinas de lo que los científicos determinaron era un palacio. La misión afirma de manera vehemente y tajante que el coeficiente intelectual del misterioso personaje reporta unos déficits significativos si se comparan con los resultados obtenidos de otras muestras craneales obtenidas en puntos aislados de la altiplanicie...

...La misión lamenta reconocer que no pudo establecer el significado de lo que parece ser un extraño instrumento de medición encontrado junto a su fémur derecho. Lo único que se atreve a confirmar el grupo de científicos, es que según documentos manuscritos encontrados cerca de sus restos óseos se establece que dicho objeto, que consistía en una tira larga de metal con números escritos en ella y que tenía la capacidad de contraerse y alargarse a voluntad del usuario, se denominaba "el metro de Bogotá".
sábado, 24 de julio de 2010
Me salgo del clóset
Si Ricky Martin pudo hacerlo, con todas las cámaras y la prensa rosa persiguiéndolo, por qué no voy a poder hacer yo mi confesión a los cinco lectores de este blog. Desde hace seis meses, en Bucaramanga, empecé a sospecharlo, empecé a sentir cosas que antes no había sentido. Pero hoy lo confirmé y quiero gritarlo para que todos lo sepan: ¡¡me gusta el fútbol femenino!!.
Hoy admito sin tapujos que esta mañana puse el despertador para ver a las 4:30am el partido de cuartos de final del mundial Sub-20 femenino entre Colombia y Suecia. Lo reconozco. Y no me dormí, lo disfruté, y casi lloro de emoción.
La última vez que lo hice, fue hace veinticinco años, en el mundial Sub-20 masculino del 85 (porque el mundial mayores de 2002 lo vi al otro lado del charco y afortunadamente no tuve que madrugar), cuando Yugoeslavia se alzó con el título y J.J Tréllez, John Edison Castaño y el Niche Guerrero empezaban a darnos alegrías.
Recuerdo ahora los gritos de los muchos entrenadores que tuve hasta hoy: "Póngale huevos, juegue como un hombre", "Parece una niña, meta duro esa pata", "Este juego es pa´varones. Si hay que pegar, pegamos". Todos se equivocaban. Para jugar buen fútbol no se necesita pegar, una lección que entendí una tibia y un peroné más tarde de lo que se suponía. Para jugar buen fútbol no se necesita poner huevos. El toque toque (sólo en este caso) nada tiene que ver con la testosterona, el consentir la pelota para meterla y celebrar (sólo en este caso) nada tiene que ver con el que haga pipí más lejos, escupa más alto o se toque más los testículos.

La selección Colombia que vi empatarle a las campeonas europeas, en el primer partido de este mundial, así lo demostró. La que vi ganarle a las ticas, dio una lección de esperanza con técnica suprema. Incluso, la que perdió con las locales en su segundo partido, demostró que nunca hay que rendirse. Lo de esta mañana con Suecia fue especialmente emocionante. Esas niñas hicieron historia. Hoy son una de las cuatro mejores selecciones de fútbol femenino del mundo en la categoría de menores de veinte años. Eso no lo han hecho nunca los mayores (cuyo triunfo más significativo a nivel de selecciones, diría yo, es la Copa América celebrada en Bogotá al inicio de este siglo). Eso sí, los juveniles testiculados abrieron el camino al ser terceros en Emiratos 2003, derrotados por la España de Iniesta, casi la misma que se coronó campeona del mundo en la categoría mayores, hace un par de semanas.

Siempre habría pensado que en el fútbol femenino se oían frecuentemente frases como estas:
- "Yorelli, tu juegas por la derecha. Recuerda que esa es con la que escribes".
- "Daniela, ya van 17 minutos del intermedio, deje de peinarse que perdemos por W".
- "Imagínate Natalia que Lady no me hizo el pase, seguro está saliendo con mi novio".
- "Cómo así profe, ¿me repite otra vez lo del fuera de lugar?"
- "Profe, es que la sueca me miró feo, y yo no le he hecho nada. Yo me quiero ir a mi casa".
- "Catalina,¿si has visto como está Paula de gorda?, es que esos guantes de portera no le favorecen".
Pero no señores. La lección que están dando estas guerreras en Alemania me indica que siempre estuve equivocado yo también. Juegan con practicidad, juegan fácil, sin complicaciones, son mucho mejores para quemar tiempo que los hombres (obviamente), y se ve que disfrutan más el juego. Se ríen, gozan, y transmiten ese sentimiento a la grada. Y a las mujeres les dieron una lección también reconfortante en un mundo machista como el del último siglo: para practicar un deporte como el fútbol no hay que perder la feminidad, condición que reivindican, y en esto (quizás sólo en esto) Florence Thomas estaría de acuerdo conmigo, poniendo en sus camisetas su nombre y no su apellido, que estaría totalmente descargado de cualquier connotación de género.
Hoy estas niñas tuvieron una posesión de 53%, pero terminaron el primer tiempo con el balón dominado durante casi un 70% de los minutos y sólo hicieron 5 faltas: Fútbol total, al mejor estilo de la Holanda del 74 y el 78.
Me gusta mucho Daniela, pero me gustan también las hermanas Ariza, me gusta la otra Natalia, me gustan Paola, Paula, Yorelli y Liana, Yulieth, Tatiana y Lady. Me gustan todas. Qué lección nos han dado. Para ganar en fútbol hay que jugar con huevos, me dijeron siempre: si eso es cierto, los huevos de estas once gladiadoras son más grandes que los de todos los jugadores que han pasado por el Bucaramanga y Millonarios desde que se retiraron el Barrabás Gómez y Pimentel, hace casi dos décadas, antes de que ellas hubieran nacido. Sospecho que esto mucho tiene que ver con que no se han deslumbrado aún con las fantasías del fútbol internacional, como ha pasado con la mayoría de Amarantos, Aquivaldos, Watsons y Falcaos que sólo meten o evitan goles en euros. A ellas todavía les duele este país bicentenario que las crió a punta de hambre y violencia.
Debo reconocer que por un momento confundí, por la cola de caballo, a las centrales colombianas con Demichelis y Jonás Gutiérrez, los mundialistas argeninos. Pero no. Las colombianas son muchísimo más rápidas.

Queridos amigos y amigas, lo grito sin ruborizarme: ¡¡Me gusta el fútbol femenino!!, ¡¡me emociono con la técnica de estas colombianas!!. Declaro superada la etapa fálica de ver este espectáculo esperando el momento banal en el que alguna se enloquezca y se quite la camiseta para celebrar un gol.
Que sigan abriendo el camino para futuras generaciones, y que nos sigan enseñando a todos, futbolistas o no, futboleros o no, que este deporte requiere mucho más que pelos en pecho y escupitajos voladores.
POSTDATA (24/07/2010): Si en la CONMEBOL le prohibieran a los equipos endeudados participar en torneos internacionales, tal como hizo la UEFA con el Mallorca esta semana, la última Copa Libertadores que hubiéramos jugado debió haber sido por allá en el 89 cuando aún gozabamos del narco-fútbol en este país.
POSTDATA2(25/07/2010): Gracias a la amable corrección de mi gran amigo de la primaria, José Luis Arias, me permito aclarar que el campeón del Mundial Juvenil de 1985 fue Brasil, no Yugoeslavia. ¡Para ver si dejan de creer todas las estupideces que escribo en este blog!. Parece que tengo más de cinco lectores, muchas gracias.
POSTADATA3 (25/07/2010): Juro que no conozco y nunca he tenido vínculo alguno con el señor Óscar Domínguez, que titula su columna de El Tiempo de hoy "Señores, salgo del clóset". Aunque recomiendo la lectura de su columna sobre la pedofilia y la pederastia ecuménica. ¡Parece que tengo más de 6 lectores!
Hoy admito sin tapujos que esta mañana puse el despertador para ver a las 4:30am el partido de cuartos de final del mundial Sub-20 femenino entre Colombia y Suecia. Lo reconozco. Y no me dormí, lo disfruté, y casi lloro de emoción.
La última vez que lo hice, fue hace veinticinco años, en el mundial Sub-20 masculino del 85 (porque el mundial mayores de 2002 lo vi al otro lado del charco y afortunadamente no tuve que madrugar), cuando Yugoeslavia se alzó con el título y J.J Tréllez, John Edison Castaño y el Niche Guerrero empezaban a darnos alegrías.
Recuerdo ahora los gritos de los muchos entrenadores que tuve hasta hoy: "Póngale huevos, juegue como un hombre", "Parece una niña, meta duro esa pata", "Este juego es pa´varones. Si hay que pegar, pegamos". Todos se equivocaban. Para jugar buen fútbol no se necesita pegar, una lección que entendí una tibia y un peroné más tarde de lo que se suponía. Para jugar buen fútbol no se necesita poner huevos. El toque toque (sólo en este caso) nada tiene que ver con la testosterona, el consentir la pelota para meterla y celebrar (sólo en este caso) nada tiene que ver con el que haga pipí más lejos, escupa más alto o se toque más los testículos.

La selección Colombia que vi empatarle a las campeonas europeas, en el primer partido de este mundial, así lo demostró. La que vi ganarle a las ticas, dio una lección de esperanza con técnica suprema. Incluso, la que perdió con las locales en su segundo partido, demostró que nunca hay que rendirse. Lo de esta mañana con Suecia fue especialmente emocionante. Esas niñas hicieron historia. Hoy son una de las cuatro mejores selecciones de fútbol femenino del mundo en la categoría de menores de veinte años. Eso no lo han hecho nunca los mayores (cuyo triunfo más significativo a nivel de selecciones, diría yo, es la Copa América celebrada en Bogotá al inicio de este siglo). Eso sí, los juveniles testiculados abrieron el camino al ser terceros en Emiratos 2003, derrotados por la España de Iniesta, casi la misma que se coronó campeona del mundo en la categoría mayores, hace un par de semanas.

Siempre habría pensado que en el fútbol femenino se oían frecuentemente frases como estas:
- "Yorelli, tu juegas por la derecha. Recuerda que esa es con la que escribes".
- "Daniela, ya van 17 minutos del intermedio, deje de peinarse que perdemos por W".
- "Imagínate Natalia que Lady no me hizo el pase, seguro está saliendo con mi novio".
- "Cómo así profe, ¿me repite otra vez lo del fuera de lugar?"
- "Profe, es que la sueca me miró feo, y yo no le he hecho nada. Yo me quiero ir a mi casa".
- "Catalina,¿si has visto como está Paula de gorda?, es que esos guantes de portera no le favorecen".
Pero no señores. La lección que están dando estas guerreras en Alemania me indica que siempre estuve equivocado yo también. Juegan con practicidad, juegan fácil, sin complicaciones, son mucho mejores para quemar tiempo que los hombres (obviamente), y se ve que disfrutan más el juego. Se ríen, gozan, y transmiten ese sentimiento a la grada. Y a las mujeres les dieron una lección también reconfortante en un mundo machista como el del último siglo: para practicar un deporte como el fútbol no hay que perder la feminidad, condición que reivindican, y en esto (quizás sólo en esto) Florence Thomas estaría de acuerdo conmigo, poniendo en sus camisetas su nombre y no su apellido, que estaría totalmente descargado de cualquier connotación de género.
Hoy estas niñas tuvieron una posesión de 53%, pero terminaron el primer tiempo con el balón dominado durante casi un 70% de los minutos y sólo hicieron 5 faltas: Fútbol total, al mejor estilo de la Holanda del 74 y el 78.
Me gusta mucho Daniela, pero me gustan también las hermanas Ariza, me gusta la otra Natalia, me gustan Paola, Paula, Yorelli y Liana, Yulieth, Tatiana y Lady. Me gustan todas. Qué lección nos han dado. Para ganar en fútbol hay que jugar con huevos, me dijeron siempre: si eso es cierto, los huevos de estas once gladiadoras son más grandes que los de todos los jugadores que han pasado por el Bucaramanga y Millonarios desde que se retiraron el Barrabás Gómez y Pimentel, hace casi dos décadas, antes de que ellas hubieran nacido. Sospecho que esto mucho tiene que ver con que no se han deslumbrado aún con las fantasías del fútbol internacional, como ha pasado con la mayoría de Amarantos, Aquivaldos, Watsons y Falcaos que sólo meten o evitan goles en euros. A ellas todavía les duele este país bicentenario que las crió a punta de hambre y violencia.
Debo reconocer que por un momento confundí, por la cola de caballo, a las centrales colombianas con Demichelis y Jonás Gutiérrez, los mundialistas argeninos. Pero no. Las colombianas son muchísimo más rápidas.

Queridos amigos y amigas, lo grito sin ruborizarme: ¡¡Me gusta el fútbol femenino!!, ¡¡me emociono con la técnica de estas colombianas!!. Declaro superada la etapa fálica de ver este espectáculo esperando el momento banal en el que alguna se enloquezca y se quite la camiseta para celebrar un gol.
Que sigan abriendo el camino para futuras generaciones, y que nos sigan enseñando a todos, futbolistas o no, futboleros o no, que este deporte requiere mucho más que pelos en pecho y escupitajos voladores.
POSTDATA (24/07/2010): Si en la CONMEBOL le prohibieran a los equipos endeudados participar en torneos internacionales, tal como hizo la UEFA con el Mallorca esta semana, la última Copa Libertadores que hubiéramos jugado debió haber sido por allá en el 89 cuando aún gozabamos del narco-fútbol en este país.
POSTDATA2(25/07/2010): Gracias a la amable corrección de mi gran amigo de la primaria, José Luis Arias, me permito aclarar que el campeón del Mundial Juvenil de 1985 fue Brasil, no Yugoeslavia. ¡Para ver si dejan de creer todas las estupideces que escribo en este blog!. Parece que tengo más de cinco lectores, muchas gracias.
POSTADATA3 (25/07/2010): Juro que no conozco y nunca he tenido vínculo alguno con el señor Óscar Domínguez, que titula su columna de El Tiempo de hoy "Señores, salgo del clóset". Aunque recomiendo la lectura de su columna sobre la pedofilia y la pederastia ecuménica. ¡Parece que tengo más de 6 lectores!
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